Entre el riesgo y la libertad

Tu última meta

Sabes que hay una recompensa al otro lado del riesgo. Puede ser fama, fortuna, amor, endorfinas, o simple orgullo. Cada quién tiene una zanahoria que persigue eternamente.

Para algunos, esa recompensa se esconde detrás de conceptos ambiguos, como el éxito, la riqueza o la felicidad. Ideas que prometen un sentimiento de calma y satisfacción.

Lo desgarrador de las grandes promesas, es que nunca llegan. Solo en restrospectiva te puedes percatar de lo que has logrado. Pero eso no hará que te sientas bien, por el simple hecho de que ahora lo tienes. Ya no es algo que añoras, ahora es real, y todo lo real tiene su lado negativo. Pero tú no imaginabas lo malo. Así que nunca es suficiente.

Nunca esperaste que tener una carrera exitosa iba a traer estrés interminable e insomnio como parte del paquete. Solo esperabas la libertad y el dinero, pero estás más esclavizado que nunca.

La vida no es un viaje

Crecemos con una meta siempre presente en segundo plano. Para la mayoría, esa meta es el dinero. Es tener el control absoluto de sus vidas, porque vieron a sus padres debiendo algo a alguien más poderoso, ya sea el banco, el casero, la jefa, su esposo, o su madre. Entonces pensamos que nosotros seremos la excepción.

Los medios y las redes sociales nos arraigan cada vez más esa idea. Nos hacen pensar que hay alguien ahí afuera que logró la libertad económica y profesional absoluta. Vemos a influencers promocionando productos en sus historias y nos hace pensar «qué fácil la tiene». Cuando ellos son como cualquier otro empleado, solo que ellos venden su imagen, o su conocimiento, tal vez su personalidad.

El filósofo británico Alan Watts decía que la vida no debería verse como un viaje. La vida es como la música.

El objetivo de la música no es el final, sino el proceso de tocarla, de bailarla, de vivirla y sentir lo que cada pieza nos evoca. De lo contrario, los grandes compositores serían aquellos que hacen grandes finales, no quienes crean melodías geniales.

Así que cuando admitimos que nunca tendremos el control de nuestras vidas, es cuando empezamos a ser dueños de ella.

Riesgo real o riesgo aparente

Debemos caminar en una cuerda floja, encontrando el equilibrio entre ambos.

El riesgo real es cuando pones algo en juego que te afectaría tangiblemente, como la estabilidad de tu familia o tu bienestar físico. El aparente es el que se siente como un riesgo, pero realmente no lo es, como levantar la voz en un grupo, como crear arte, como hablar con alguien que no conoces. En este riesgo ganarás más de lo que pierdes.

Son aquellas personas abandonan la idea de tener el control de su vida y aprenden a distinguir entre el riesgo real del aparente, quienes están en plenitud.

Esa persona que conoces que dejó su trabajo y se dedicó a viajar por un tiempo, regresó más centrado que nunca. Ese artista que vive constantemente entre el éxito y la bancarrota, pero que ama lo que hace cada día. El ama de casa que sabe que su vida es su familia y confía en que saldrán adelante como unidad.

Debemos dejar de perseguir sombras…para escuchar la música.

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