Cómo el Big Data afecta tu forma de pensar

Tal vez ya te percataste que tus videos recomendados en YouTube son mayormente de los mismos seis o siete canales y no de los cientos a los que estás suscrito. Que las películas y series en Netflix son parecidas a las que acostumbras. Basta con ver el feed de Instagram de otra persona para darte cuenta de que es completamente diferente al tuyo. Eso es porque la mayoría del contenido que ves en las plataformas digitales está dirigido específicamente para ti.

El raciocinio detrás de esto es menos maquiavélico de lo que pensamos. No es que las grandes corporaciones estén detrás de tu información como perros hambrientos, simplemente el sistema ha evolucionado lentamente para generar ganancias de manera cada vez más eficiente a través del uso de información masiva o «Big Data».

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Todo comenzó cuando Google descubrió que la publicidad basada en términos de búsqueda era más atinada que un anuncio publicado en cualquier otro medio. Tanto así que le permitió comercializar con base en los clics generados por los usuarios y no únicamente con la publicación de anuncios. Así, poco a poco los medios que lucraban a través de la publicidad digital se fueron percatando de la importancia de llevar publicidad que genera clics. Para su sorpresa, muchas veces la creatividad del anuncio no influía tanto, sino las tendencias particulares del individuo.

Conforme pasó el tiempo, el análisis y recabación de data se desarrolló. Primero con la «data declarada», que es todo lo que explícitamente pones en una red social o plataforma, como tu edad, tu género, correo electrónico, teléfono y más. Después, las cookies se integraron en (prácticamente) todos los sitios en internet, permitiéndoles obtener «data inferida», la cual se adquiere a través de tu comportamiento en internet, como los sitios que visitas, el contenido que lees, las publicaciones que compartes; así los anunciantes pueden categorizar tus intereses y conductas como «comprador en línea», «interés en compra de autos», «cotizador de seguros» por decir algunos ejemplos.

Facebook: El ojo que todo lo ve

Mientras esto sucedía, Facebook se transformaba en la red con mayor penetración en el mundo, al grado que al día de hoy, tener un perfil de Facebook es casi un requisito para estar en internet, yo siempre he dicho que es como tener tu credencial de elector digital, sin ella no existes aunque no la uses a diario. Poco después, Facebook compró Instagram, con la que pudo detener de raíz la popularidad de Snapchat y convertirse nuevamente en los propietarios de la red social de mayor uso e interacción, así como WhatsApp, la aplicación de mensajería número uno a nivel global.

Lo que hizo Facebook fue trascendental no solo como un logro en los negocios, sino por su constante desarrollo tecnológico y táctico para mantener a los usuarios inmersos en sus redes. ¿Por qué se hizo tan poderoso Facebook? Porque no es solo una red de anuncios, sino una red de contenidos Y anuncios.

Se convirtieron en expertos en emular lo que otras plataformas populares hacían, adaptarlo a su experiencia de usuario y entregarte todo en un mismo lugar. En Facebook puedes ver los videos que publican tus mejores amigos, así como los de tu influencer favorito, los del noticiero, de tu equipo de futbol y los grupos a los que perteneces.

Sus objetivo es retener a la audiencia el mayor tiempo posible.

La ecuación para retenerte más tiempo en tu celular o computadora es muy simple: darte más de lo que te gusta y premiarte con likes por compartirlo.

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Las redes sociales están hechas para darte un solo punto de vista: el que más te guste.

Google no se queda atrás, solo que tiene información diferente. Google tiene la capacidad de anunciar en el 98% del inventario publicitario de internet, además de tener el buscador más usado, el navegador más popular (Chrome), el sistema operativo móvil con mayor penetración (Android), aparatos de streaming como el Chromecast y asistentes virtuales como Google Home. Ah y también YouTube.

Reforzamos nuestras creencias con productos

Con tan solo unas horas o días de navegar el internet a tu gusto, comenzarás a ver incrementalmente los mismos tipos de contenidos, así suscribiéndote cada vez más a las mismas ideologías. Si recordamos para qué se crearon estos medios, el siguiente paso debe ser obvio: vemos los anuncios más relevantes para nuestro perfil y gustos.

En principio, esto no es malo, hace a la industria de la publicidad mucho más efectiva, eliminando el desperdicio de anuncios de productos que probablemente no compres y los sustituye por aquellos que sí. Pero eso nos convierte en seres unidimensionales.

Supongamos que no conocías el futbol americano. Fuiste a ver el Super Bowl con tu amigo y te gustó. Así que llegando a casa viste la repetición del partido y algunos videos más. Al día siguiente escuchaste los comentarios y análisis del partido. Poco tiempo después, estás viendo clips de las mejores jugadas de la historia y al poco tiempo eres un fanático de los Kansas City Chiefs y la NFL en general.

En ese momento, casi por arte de magia, aparece un anuncio con la oferta del jersey de Patrick Mahomes…y lo compras. Ahora no solo eres una persona que le gusta el americano, eres un fanático adscrito que compró un producto. Así, por la necesidad de justificar esa compra de un artículo bastante caro, consumirás cada vez más contenido de la NFL y más productos.

El deporte es algo inofensivo, pero si hacemos este ejercicio con ideologías políticas o sociales, su impacto es mucho mayor. Si siempre ves contenido de fundaciones que apoyan a los perritos de la calle, probablemente algún día donarás a una de ellas y te convertirás en un donador leal a largo plazo. Pero si acostumbras ver contenido de armas, eventualmente comprarás una.

Lo que dejamos de ver

Aunque cada vez dedicamos más tiempo a las pantallas, podemos decir objetivamente que siempre hemos estado pegados a una. Antes era solamente la TV, ahora es el celular, la computadora, la tablet, la TV y los videojuegos. La diferencia es que hoy en día el contenido que llegará a nosotros será casi siempre de la misma índole y buscando reforzar lo que ya nos gusta.

El objetivo no es mostrarte de todo un poco y abrir tus horizontes, es darte tu droga favorita todos los días para que seas un adicto irreparable.

Con cada minuto que pasas en tu celular viendo el mismo tipo de contenido una y otra vez, dejas de ver el otro lado de la moneda. Si apoyas a AMLO, probablemente hayas dejado de ver lo que publican aquellos que no. Conoces sus argumentos solo por lo que te dicen tus líderes de opinión, ya demonizados y refutados como algo absurdo.

Ya no estás abierto a escuchar al otro lado, porque rara vez te lo encuentras. Vives en tu propia burbuja donde todo está algorítmicamente dirigido para que te guste. Los que no estén de acuerdo contigo, solo son haters.

Así es como poco a poco, la imparcialidad se vuelve imposible. ¿Cómo podemos ser imparciales si lo ÚNICO que vemos es nuestro punto de vista? ¿Cómo podemos conocer algo nuevo si estamos enchufados a nuestra máquina de endorfinas?

Lo importante no es lo que estás viendo, sino todo aquello que estás dejando de ver.

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